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En el caminar del año, septiembre nos sitúa ante un momento de equilibrio y transición en la Tierra: el equinoccio. Es el tiempo en que la luz y la oscuridad se encuentran en perfecta armonía, y el ritmo de la naturaleza nos invita a despertar la voluntad, ordenar las fuerzas interiores y preparar el suelo con amor y propósito para dar inicio a un nuevo ciclo escolar y vital.
En nuestra comunidad, este momento se vive como un puente vivo entre dos profundas tradiciones espirituales y culturales: la festividad de Mikhael y la celebración ancestral del Kulla Raymi. Al coincidir con el inicio del año lectivo, esta época se convierte en un espacio para cultivar el coraje, la siembra consciente y la fuerza transformadora en el ser humano.
La época de Mikhael es una fiesta de coraje, temple interior y claridad mental. Así como el entorno natural empieza a exigir nuestra presencia activa, en el plano humano se nos invita a encender la espada de la conciencia para transformar nuestras dificultades en fortaleza.
A través de los relatos, las rondas, la forja de herramientas e insignias y los desafíos físicos en la naturaleza, los niños vivencian el coraje necesario para vencer al "dragón" de los temores, las dudas y la apatía. La fuerza micaélica no es una fuerza de agresión, sino de ecuanimidad, rectitud y superación personal.
Rudolf Steiner nos recuerda la importancia de despertar esta fuerza en nuestra alma durante esta época:
“No debemos acobardarnos ante la oscuridad ni temer al dragón interior, sino desarrollar en nosotros la luz de la conciencia y la voluntad férrea para transformar la materia a través del espíritu.”
— Rudolf Steiner ✨
Es una celebración para templar la voluntad, afilar el discernimiento, tomar iniciativa y caminar con paso firme y erguido hacia los retos del nuevo año.
Inmersos en el sagrado entorno de Cuenca y cobijados por los Andes, septiembre es también el tiempo del Kulla Raymi (la Fiesta de la Mujer, la Luna y la Fertilidad), uno de los cuatro Raymis principales del calendario agrícola andino.
Tras el descanso del suelo, la Tierra (Pacha Mama) recibe la bendición del agua y se prepara para cobijar la primera semilla. El Kulla Raymi es, por excelencia, la época de la crianza mutua, del cuidado de lo sutil y del reconocimiento de la fuerza femenina y nutricia. Nos reunimos en comunidad alrededor de la chacana o la pampa de semillas para seleccionar y bendecir los granos que serán sembrados en el huerto escolar. A través del canto, la preparación del compost y el cuidado de la tierra, los niños vivencian el sentido de pertenencia y corresponsabilidad con la vida.
Durante esta época, en CENEDIS, los espacios se llenan de movimiento, trabajo manual con madera, metal o lana, y cantos de valentía y trabajo agrícola. Los estudiantes participan en pruebas de destreza, construyen sus espadas o escudos de madera y preparan los bancales del huerto para depositar las primeras semillas con respeto.
Al unir la Época de Micael y el Kulla Raymi bajo el manto del valor y la preparación del suelo, enseñamos a los niños a iniciar los ciclos con temple, claridad y amoroso respeto por la vida que germina, despertando en ellos una espiritualidad libre, cargada de belleza, arraigo cultural y amor por la Tierra.
"Que la espada de Micael forje en nuestro interior la luz del valor, y que la ternura del Kulla Raymi cobije la semilla de nuestros propósitos para este nuevo ciclo."